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Avances sobre Tecnología

Brochazos de aire limpio

El fundador de la empresa Graphenstone, Antonio León, toma un dato para presentar la pintura ecológica que, a base de grafeno, fabrica en El Viso del Alcor (Sevilla). “Tres botes de 15 litros de una de nuestras pinturas eliminan 14,4 kilogramos de dióxido de carbono, lo mismo que un árbol adulto”, asegura este licenciado en Ciencias Químicas.

Con casi cinco años de vida, la firma sevillana está presente en más de 40 países y el año pasado facturó más de 3,2 millones de euros, frente a 1,04 millones del ejercicio anterior. “La clave de nuestro éxito ha sido ser unos frikis de lo ecológico”, señala el empresario. “No queríamos ser una pintura más de las mil de este tipo que hay en el mercado. Por eso, apostamos por ser naturales, con ningún tóxico y sin hibridar [sin aceites incluidos]”.

 

 

Cultivando Oxígeno

Los investigadores van a analizar cómo la fotosíntesis —el proceso mediante el cual los organismos convierten la luz en energía, liberando oxígeno como subproducto— tiene lugar en el espacio. Para ello han cargado la micro alga Arthrospira, conocida comúnmente como espirulina, en un fotobiorreactor, una especie de cilindro bañado en luz. En la Estación Espacial, el dióxido de carbono se transformará mediante la fotosíntesis en oxígeno y biomasa consumible, como proteínas.

Aunque en la Tierra este es un proceso rutinario, tenemos que comprender cómo funciona en el espacio antes de poder explotarlo. El experimento se desarrollará durante un mes, mientras se mide con precisión la cantidad de oxígeno que producen las algas.

El micro algas se analizarán en cuanto Dragon regrese a la Tierra en abril, observando su información genética para obtener una imagen más clara de los efectos de la ingravidez y la radiación en las células de estas plantas. Se sabe que la Arthrospira es muy resistente a la radiación, pero tenemos que comprobar hasta qué punto tolera las contingencias del espacio.

El proyecto piloto Artemiss es el primero de su clase, y los investigadores e ingenieros esperan poder continuar desarrollándolo con un estudio mayor que alimente micro algas de forma continua.

 

El proyecto es parte del Sistema Alternativo de Soporte Micro ecológico para la Vida (Melissa), una iniciativa que está desarrollando tecnologías regenerativas para el soporte vital. Melissa abarca numerosas actividades investigadoras y educativas, como el proyecto científico ciudadano AstroPlant, que recopila datos sobre cómo las plantas crecen bajo distintos niveles de luminosidad.

Pronto dará la bienvenida a otro precursor tecnológico, Uriniss, que estudiará cómo reciclar orina para obtener gas de nitrógeno, energía, potenciales nutrientes para plantas y, por supuesto, agua. Porque si la vida en el espacio nos da orina, nosotros hacemos agua.

 

El gigantesco avión Stratolaunch, para lanzamientos espaciales desde el aire, está más cerca de entrar en servicio

El Stratolaunch es el mayor avión del mundo en cuanto a envergadura. En cada una de sus misiones podrá contribuir al envío de cargas útiles hacia múltiples órbitas e inclinaciones orbitales. Su capacidad de carga es de unas 250 toneladas. Al ser un avión, su carácter reutilizable facilitará mucho los lanzamientos espaciales. Poder despegar desde cualquier pista apta mediante la típica aceleración a lo largo de la superficie hasta levantar el vuelo, en vez de tener que hacerlo de manera vertical desde una torre de lanzamiento, también simplificará muchas de las operaciones y evitará los riesgos inherentes a los lanzamientos espaciales tradicionales.

La entidad responsable del Stratolaunch es Stratolaunch Systems Corporation, una empresa fundada en 2011 por Paul G. Allen, más conocido por ser el cofundador de Microsoft. El Stratolaunch completó recientemente la primera fase del ensayo de sus motores. Por primera vez, los ingenieros del proyecto pusieron en marcha los seis motores Pratt & Whitney del avión. Tras una serie de pruebas, uno detrás de otro fue activado. En estos encendidos, todos ellos operaron conforme a lo previsto.

El equipo ya completó también el ensayo con el combustible, probando los seis tanques para asegurar su adecuado funcionamiento. Cada uno de los seis depósitos de combustible fue llenado de manera independiente a fin de asegurar la apropiada operación de los mecanismos relacionados y para validar que los tanques se sellaron debidamente. Los ingenieros también empezaron a verificar el sistema de control de vuelo.

Imagen.  Espectacular Stratolaunch fuera de su hangar. (Foto: Stratolaunch Systems Corp.)

 

 

Analizan las emisiones electromagnéticas de los smartphones en busca de agujeros de seguridad

Investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) (España) están desarrollando una herramienta que permite analizar si los teléfonos móviles pueden sufrir ataques cibernéticos para obtener las claves de cifrado a través de sus emisiones electromagnéticas.

Esta plataforma, cuyo objetivo es mejorar la seguridad de los teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos que utilicen técnicas de cifrado, se ha presentado recientemente en Canadá en un congreso internacional centrado en la seguridad y privacidad del Internet de las Cosas (Workshop On Security and Privacy on Internet of Things).

Esta investigación se centra en los conocidos como “ataques de canal lateral”, que ocurren cuando “se intenta aprovechar una circunstancia (en este caso, que cualquier corriente eléctrica produce un campo magnético) para un beneficio ilícito (en este caso, el atacante intenta extraer la clave privada de cifrado, a la que en teoría no debería tener acceso)”, explica uno de los investigadores, José María de Fuentes, del Computer Security Lab (COSEC) de la UC3M.

Tradicionalmente, se intentaba atacar el algoritmo de cifrado, es decir, el procedimiento para proteger la información, que normalmente tiene una base matemática compleja. Con posterioridad, se han ido desarrollando este tipo de ataques de canal lateral para buscar otras formas de violar la seguridad sin tener que “romper” la matemática que la sustenta. “Cuando los dispositivos están en funcionamiento hacen uso de la energía y generan campos electromagnéticos. Nosotros intentamos capturar sus trazas para obtener de ahí la clave de cifrado y, a su vez, el descifrado de los datos”, explica otra de las investigadoras, Lorena González, también del grupo COSEC de la UC3M.

“Queremos poner de manifiesto si este tipo de dispositivos tienen vulnerabilidades, porque si son atacables por algún adversario, es decir, si alguien calcula la clave que estás utilizando en tu teléfono móvil, serás vulnerable y tus datos dejarán de ser privados”, afirma otro de los investigadores, Luis Hernández Encinas, del Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información (ITEFI) del CSIC.

El objetivo fundamental de esta investigación es detectar y dar a conocer cuáles son las vulnerabilidades que tienen los dispositivos electrónicos o los chips que contienen, de modo que tanto los desarrolladores de software como de hardware pueda implementar las contramedidas oportunas para proteger la seguridad de los usuarios. “Nuestra labor a continuación será verificar si eso se ha llevado a cabo correctamente e intentar atacar de nuevo para comprobar si existen otro tipo de vulnerabilidades”, añade Luis Hernández Encinas.

 

 

Lo más relevante de este proyecto, según los investigadores, es que están desarrollando una arquitectura y un entorno de trabajo donde seguir explorando este tipo de ataques de canal lateral. De hecho, existe la posibilidad de extraer información de cifrado a partir de otros datos, como las variaciones de temperatura del dispositivo, el consumo de potencia o el tiempo que tarda un chip en procesar un cálculo.

Esta investigación se ha realizado en el marco de CIBERDINE (Cybersecurity: Data, Information, Risks), un programa de I+D+i financiado por la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de la Comunidad de Madrid y por Fondos Estructurales de la Unión Europea. Su principal objetivo es desarrollar herramientas tecnológicas que permitan conseguir que el ciberespacio sea un entorno más seguro y confiable para las administraciones públicas, los ciudadanos y las empresas. Para ello, se trabaja en tres grandes líneas de investigación: el análisis masivo de redes de datos, la ciberseguridad cooperativa y los sistemas de ayuda para la toma de decisiones en esta área.

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